Verde manzana

Hoy comimos manzanas verdes
verdes prados, verde luz
Entre naranjas y agua cristalina,
música y verdor
besos y risas
todo pasa, todo vuelve
hasta la próxima vez.

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In-satisfaction

Todas mis pequeñas
insatisfacciones
acumuladas
mes a mes año a año
se hicieron montaña
desmoronamiento
alud
sobre mi pequeñez insatisfecha.
Ayer dijeron: me aburro;
después dijeron: veremos qué pasa
si todo sigue igual;
hoy digo: hasta acá.
Gracias por todo, pero
“año nuevo, vida nueva”
proyecto nuevo
pasiones nuevas.
Qué traerá el futuro:
días iguales,
eterna repetición
ya no más.

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Últimas semanas de diciembre

Meses blancos
atrapada,
de sueño helado,
automatismo de cáscara blanda,
tiempo plano sin despegar.
Invierno opaco
de telas tristes
y adornos polvorientos,
de nubes grises
y nadie en la ventana.

Y de la nada, otra vez,
la rueda que vuelve a andar
y todo tan perfecto
todo tan cerca, tan fácil
que mejor no pensar
cuánto por delante,
cuánto atrás el pasado,
y qué importa, si el tiempo es una nube
y no se ve dónde estás.

Voy por lugares nuevos
calles verdes con sol,
me dejo llevar, aún a ciegas:
unos ojos brillan conmigo
el tiempo que quieran brillar.

Mientras las sombras pasan,
las imagino congeladas,
quietas, petrificadas,
viviendo en blanco y negro
su otra vida de luz:
las sombras no saben que brillan,
que mis ojos les darán su destino,
que mientras pasan,
en mi pantalla gris serán sueño de otro,
van a despertar
eternas
en otra nube, en otro tiempo,
en otro lugar.

17 al 20/12/2020


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¿Cuántas cosas puede decir una foto?

Gustavo Cerati y Zeta Bosio cursando juntos en la facultad
Alucinante foto inédita e historia de cuando estudiaban juntos publicidad antes de formar Soda Stereo
Universidad del Salvador, Buenos Aires, 1980

-Año 1980 en la facu.
Una chica somnolienta. Un chico fumando con la mirada perdida hacia una ventana pintada que daba a la nada. Otro definitivamente dormido. Deduzco que la clase era muy aburrida y que era un invierno con mucha humedad en Buenos Aires por el pelo voluminoso de la chica que me costó reconocer pero que el autor de la foto asegura que era yo. Con el diario de ayer hoy es fácil intuir que Gustavo y Zeta, no dormían sino que imaginaban el futuro de la banda que en esos años comenzaba a gestarse en esas clases aburridas. Tal vez la ventana opacada que daba a la nada era el esbozo de una tal Persiana Americana, luminosa y fantástica.

La foto es la primera de un tesoro de recuerdos que Oscar René Cisneros comenzó a revelar hoy 40 años más tarde gracias al ocio creativo de la pandemia. Gracias a sus experimentos de procesado de negativos con borra de café está redescubriendo una historia que comenzó a rescatar de una caja polvorienta que guarda anécdotas inéditas.

Es también nuestra historia. Y la de Claudio Arce, el único que prestaba atención o simulaba hacerlo. Dicen que en las formas de la borra de café se puede adivinar el futuro. Esta es la prueba científica que también se puede adivinar ese pasado que hoy apenas presentimos y que constantemente reinventamos. Como nuestras vidas.

Relato: Fabiana Frayssinet
Fotografía: Oscar René Cisneros
Ambos compañeros de Gustavo y Zeta en la facultad

La actual pandemia y su consecuente cuarentena, me ha hecho volver a revisar mis archivos de negativos. Entre los cuales encontré esta imagen a la que el tiempo transcurrido le ha dado mucho más valor. Y ha inspirado a la periodista Fabiana Frayssinet a realizar la maravillosa crónica.

Oscar René Cisneros

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La ciudad y la paz

Ventana verde y tu sombra
contraluz en encuadre
sábana y dos tazas
en la ciudad
Y el calor de tus manos
y el frío en la piel
y el brillo en la mirada
y la paz.
Codo a codo
escalón a escalón,
sorbo a sorbo
baldosa a baldosa
Y el humo que sube
y sale al verde
y ese aroma y su sabor
y la ciudad, afuera, sin paz.

(Volviendo, de a poco. Buenos Aires, 3/12/2020)

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Te vi pasar (Agustín Lara) – Natalia Lafourcade

Hoy te he mirado sin quererlo,
te he mirado a mi lado pasar,
pasar muy cerca de mí.

Aquellos ojos, dos cristales
que hace tiempo reflejaron su amor,
no se fijaron en mí.

Tenía tantas cosas que decirte
y tanto que contarte
que no te pude hablar.

Me tuve que tragar mi sentimiento,
no supe de tu aliento,
nomás te vi pasar.

Hoy te he mirado sin quererlo,
te he mirado a mi lado pasar,
pasar muy cerca de mí;
me dejaste llorando,
llorando por ti.

(Así, en tono de comedia)

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Lo mucho que te amé – Eduardo Sacheri

50

A veces miro esa foto cuando voy a casa de papá y mamá. Es una foto de mi familia materna. En el centro, sentados, mis abuelos Francisco Zurbarán y Modesta Fuentes. De pie, rodeándolos, sus cinco hijos: mis tíos Francisco, Modesta, Rosa y María, y mi madre Luisa. Le he preguntado a mamá la fecha de esa foto, pero no me pudo dar certeza. Hizo lo que una hace en estos casos: tomar alguna referencia.
Como es la casa de Chacarita, la de la calle Zabala, tiene que ser antes de 1910, cuando se mudaron a Pacífico. Y el vestido negro que tiene puesto la abuela Modesta lo cortaron y lo cosieron con la tía Rosa, con lo que tiene que ser después de 1907 porque en ese año fue que la tía entró a la academia de corte y confección. Cada vez que la miro me sucede lo mismo: me pregunto qué está pensando cada uno de ellos en ese momento. O los diez minutos anteriores a que el fotógrafo tome la foto.
Es un día común de 1908, o 1909. Lo pienso desde 1961 y me digo qué antigüedad, cómo sería vivir en ese momento. Pero en ese momento vivir en 1909 no es ninguna antigüedad. Es el presente, es la vida y punto. Es normal que sea 1909, como ahora es normal que sea 1961. ¿Qué pensará mi hija en 2015, si ve una foto de este año? ¿Se dirá así, “en” 2015, o se dirá “en el” 2015? Falta tanto que no puedo ni representármelo.
Ese día es normal y es 1908 o 1909. La abuela les habrá avisado que venía el fotógrafo para que estuvieran todos, puntuales, limpios, bien vestidos. Y así están en la foto. No sonríen mientras posan. Miran serios, sin pestañear. En las fotos familiares de ahora las personas tienden a sonreír. ¿Cómo será en el futuro? ¿Habrán sacado la foto antes o después del almuerzo? ¿Qué habrán hecho después? ¿Se habrán quedado las mujeres poniendo orden en la sala? ¿Habrá vuelto el abuelo a trabajar al almacén?
Siempre pienso esas cosas cuando miro esa foto de mamá. Pero sobre todo pienso en una idea: esas personas que posan para la foto, ese día, sentían algo, temían algo, deseaban algo, sentían enojo por algo, sentían culpa por algo, cifraban esperanzas en algo. Todas ellas. Los dos adultos y los cinco jóvenes.
Y enseguida pienso en otra cosa. ¿Qué queda, hoy, de todos esos algos? Por empezar, cuatro de esas siete personas ya están muertas: los abuelos, el tío Francisco y la tía Rosa. De manera que sus sentimientos, sus enojos y sus esperanzas se han evaporado. Pero aun en los que sobreviven: ¿se acordará hoy, mamá, cuando mira esa foto, de lo que pensaba, temía y quería ese día?
Yo, por mi parte, salgo en un montón de fotos. En muchas más de aquellas en las que salieron ellos. Este verano, sin ir más lejos, sacamos dos rollos enteros en las vacaciones. ¿Estaré viva dentro de cincuenta años? ¿Qué quedará, en mí, dentro de medio siglo, de los deseos, los temores, los enojos, las esperanzas que cruzaban mi vida
en las fotografías de este verano? Probablemente poco. Probablemente nada.
Y si queda poco, o si queda nada: ¿Dónde estarán la culpa, la angustia, el desasosiego? ¿Seguirán ahí, siempre conmigo?

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Cuarentena

Bienaventurados sean los ególatras
porque ellos inventaron
el espectáculo.
Larga vida al exhibicionismo,
que alegra los días del introvertido.
Qué sería de nosotros sin los caraduras,
que animan a los que tememos
al ridículo.
Benditos sean, payasos,
que hacen piruetas que nos ruborizarían
de sólo pensar en intentarlo.
Grandes ellos,
que exteriorizan lo que nos daría dolor mostrar,
y que actúan garbosamente aquello
que nos da calambre en el estómago decir.
No cuenten conmigo.
Alguien se tiene que quedar
en la platea, aplaudiendo.

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Velas de cumpleaños – Horacio Fontova

Si esto no es poesía, ¿qué es?

Corte de pelo y manicura
y un nuevo enano en el jardín
felicidad en la familia
y el baño sigue oliendo a pis.
Yo tengo el cuerpo casi limpio
y aunque mi cara no es legal
yo soy sagrado como cualquiera
y guay del que quiera hacerme mal.
Velas de tantos cumpleaños
besos y amigos por doquier
parece un sueño pero es cierto
toda una vida ya se fue.
Pero yo voy a ser un viejo sabio
junto a una vieja piel de ají,
falta un millón de cumpleaños
para dejar de ser feliz.

Hoy se nos fue Fontova. Y nos faltan unos cumpleaños menos para dejar de ser feliz.

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Tiempo, espacio.

Atrás quedaron
tus caricias y tu olor,
lejos de mis manos tu espalda,
tus labios.
Tu sabor suave a tabaco.
Tus ojos
tu risa.
Un poco con la vergüenza
(en este tiempo)
de extrañarte,
un poco con la alegría
de haberte tenido.

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