Cuarentena

Bienaventurados sean los ególatras
porque ellos inventaron
el espectáculo.
Larga vida al exhibicionismo,
que alegra los días del introvertido.
Qué sería de nosotros sin los caraduras,
que animan a los que tememos
al ridículo.
Benditos sean, payasos,
que hacen piruetas que nos ruborizarían
de sólo pensar en intentarlo.
Grandes ellos,
que exteriorizan lo que nos daría dolor mostrar,
y que actúan garbosamente aquello
que nos da calambre en el estómago decir.
No cuenten conmigo.
Alguien se tiene que quedar
en la platea, aplaudiendo.

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Velas de cumpleaños – Horacio Fontova

Si esto no es poesía, ¿qué es?

Corte de pelo y manicura
y un nuevo enano en el jardín
felicidad en la familia
y el baño sigue oliendo a pis.
Yo tengo el cuerpo casi limpio
y aunque mi cara no es legal
yo soy sagrado como cualquiera
y guay del que quiera hacerme mal.
Velas de tantos cumpleaños
besos y amigos por doquier
parece un sueño pero es cierto
toda una vida ya se fue.
Pero yo voy a ser un viejo sabio
junto a una vieja piel de ají,
falta un millón de cumpleaños
para dejar de ser feliz.

Hoy se nos fue Fontova. Y nos faltan unos cumpleaños menos para dejar de ser feliz.

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Tiempo, espacio.

Atrás quedaron
tus caricias y tu olor,
lejos de mis manos tu espalda,
tus labios.
Tu sabor suave a tabaco.
Tus ojos
tu risa.
Un poco con la vergüenza
(en este tiempo)
de extrañarte,
un poco con la alegría
de haberte tenido.

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Jane Long transforma fotografías antiguas en imágenes surrealistas


Jane Long es una fotógrafa y artista de bellas artes que vive en Brisbane (Australia). Un día, buscando fotos en la red para practicar su retoque digital se encontró en Flickr con el trabajo de Costică Acsinte.
No estamos hablando de cualquiera, Acsinte fue fotógrafo oficial durante la Primera Guerra Mundial y después siguió disparando en su Rumanía natal hasta su muerte, allá por 1980, dejando un importante testimonio gráfico sobre la forma de vida de la sociedad de su país.

Gracias a un cuidado proceso de digitalización, podemos disfrutar de sus más de 5.000 imágenes. Pues bien, gracias a que este archivo salió a la luz, Long llegó hasta él y quedó fascinada.

Empezó a imaginar las historias que habrían rodeado a cada uno de los protagonistas de las diferentes fotografías y ante la falta de poder saber las historias reales, se inventó las suyas propias desde el punto de vista más surrealista y artístico posible.

FUENTE: https://culturainquieta.com/es/arte/arte-digital/item/15733-jane-long-transforma-fotografias-antiguas-en-imagenes-surrealistas.html

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La chispa

¿En qué instante del tedio del día
encontrar el  instante,
en qué azar del minuto
hilar la chispa con el papel
y lograr el incendio?
¿Qué música suena para lograr
el milagro?
¿Cómo callar las voces chillonas que apagan
los intentos, las ideas, los sentidos?
¿Cómo dejar de oír el run run
vacío de la tarde? ¿El siseo estéril,
hueco, taladrante, hastiante de inútil?
Se prende un segundo, y se apaga,
no permanece, se escapa.
¿Qué minuto feliz de silencio
se encuentra para encontrarse?
¿Qué rincón, qué lugar hay
para esconderse, de uno, de todos?
Se prende un segundo, y se apaga,
se escapa.
You`re looking at me, suena.
¿Dónde encontrar ojos que miren
y no juzguen, vean
y no condenen?
Unos ojos para ver el amanecer en un agujero,
el paraíso en un baldío,
la abundancia en la basura.
Los ojos a mi alrededor ven la nada en cada uno,
lo que no importa en todos,
y  lo verdadero queda muriéndose de risa,
muriéndose de abandono,
pidiendo limosna en la calle,
lleno de telarañas en el rincón
donde se esconde la chispa
que no se encontrará con el papel
y no provocará el incendio.
Se prende un segundo, y se apaga.

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501

Azul agapanto,
azul cielo,
azul blando.
Baño azul en las paredes,
reflejo azul.
Pieles azules bañadas de cielo,
blando cielo azul.
Azul en la tierra, blanca como una sábana,
que nos baña, azul de luz,
nos refleja, azul de piel.
Reino azul con verde sol,
pared azul,
blanco reposo de sueño azul.
Azul la puerta,
azul adiós.

28/11/2019

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Viento

Viento
despeinándome me acaricia,
me arrasa, me eleva,
me reinicia.
El pelo se me enreda en tu cama
sobre tu pelo, entre tus brazos
entre tus piernas.
Tus dedos lo alisan, lo peinan,
lo doman, lo sueltan
lo encienden.
Mis manos te aferran,
te ascienden, te elevan
te calman.
Tus labios me visitan
me recorren, me habitan
me salvan.
El viento me arranca
me aleja, me devuelve
me desangra.

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Tanto, tanto, tanto – Jovanotti

 

Che stai facendo?
Lavoro.
Che cosa cerchi? L’oro. Hai uno scopo? Credo. Dove ti trovi? In Italia. E come vivi? Suono. Di dove sei? Toscano. Qual è il tuo aspetto? Meno sereno di un tempo, ma non per questo stanco. A cosa pensi? Al deserto. Qual è il tuo impegno? Immenso. Ed il tuo tempo? Denso. CHe risultati hai? Alti e bassi. CHe risultati hai? Alti e bassi. Rido di me, di te, di tutto ciò che di mortale c’è e che mi piace Tanto tanto tanto tanto tanto Tanto tanto tanto tanto tanto Tanto tanto tanto tanto tanto Tanto tanto tanto tanto tanto Come va il mondo? Male. Come va il mondo? Bene. Come va il mondo? Male. Come va il mondo? Bene. Rido di me, di te, di tutto ciò che di mortale c’è e che mi piace Tanto tanto tanto tanto tanto Tanto tanto tanto tanto tanto Tanto tanto tanto tanto tanto Tanto tanto tanto tanto tanto Che cosa fai? Vivo. Quando sei in forma? Scrivo. Innamorato? Credo. E lei ti ama? A suo modo. Come va il mondo? Male. Come va il mondo? Bene. Che dice il cielo? Tuona. E la chitarra…suona!!! Sei felice? A volte. Hai distrazioni? Molte. E la salute? Buona. E la chitarra…suona!!! Cosa ti piace? Viaggiare. Tra il dire e il fare? Il mare. Cosa ti piace? Viaggiare. Tra il dire e il fare? Il mare. Cosa ti piace? Viaggiare. Tra il dire e il fare? Il mare. Cosa ti piace? Viaggiare. Tra il dire e il fare? Il mare Rido di me, di te, di tutto ciò che di mortale c’è e che mi piace Tanto tanto tanto tanto tanto Tanto tanto tanto tanto tanto Tanto tanto tanto tanto tanto Tanto tanto tanto tanto tanto sei felice? quanto quanto quanto tanto tanto tanto tanto.. qual’è il tuo impegno? quanto quanto quanto tanto tanto tanto tanto.. innamorato? quanto quanto quanto tanto tanto tanto tanto.. come và il mondo? quanto quanto quanto tanto tanto tanto tanto..

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Plantas perennes para el jardín rocoso – Margaret Atwood

Plantas perennes para el jardín rocoso
Tiene una sola fotografía de él. La metió en un sobre marrón en el que había escrito “recortes” y escondió el sobre entre las páginas de “Plantas perennes para el jardín rocoso”, donde nadie miraría jamás.
Ha guardado celosamente esta foto porque es casi lo único que le queda de él. Es en blanco y negro, tomada con una de aquellas cámaras de flash de antes de la guerra que eran como una caja voluminosa, con fuelles y fundas de piel que parecían bozales, provista de tiras y complicadas hebillas. En la fotografía aparecen los dos, ella y su hombre, en un picnic. Detrás pone “picnic”, con lápiz: ni el nombre de él ni el nombre de ella, sólo “picnic”. Sabe los nombre, no le hace falta escribirlos.
Están sentados debajo de un árbol, posiblemente un manzano; no se fijó mucho en el árbol en aquel momento. Ella lleva una blusa blanca con las mangas recogidas hasta el codo y una falda holgada metida debajo de las rodillas. Debía de soplar un poco de brisa, porque la blusa parece hinchársele alrededor del cuerpo; o a lo mejor sólo se le pegaba, porque hacía calor. Si pone la mano sobre la fotografía, aún puede sentir el calor, semejante al que emite a medianoche una piedra calentada por el sol durante el día.
El hombre luce un sombrero de color claro. Lo lleva ladeado y le oculta parcialmente la cara. Debe de tenerla más bronceada que ella, que está medio vuelta hacia él y le sonríe como no recuerda haber sonreído a nadie desde entonces. En la fotografía se lo ve muy joven, demasiado, aunque en aquel momento a ella no se lo parecía. Él también sonríe -la blancura de sus dientes reluce igual que el destello de una cerilla al encenderse-, pero levanta la mano, como si la empujara jugando, o para protegerse de la cámara, de la persona que debía de estar allí tomando la fotografía, o de quienes lo mirasen en el futuro, de quienes lo mirasen a través de esta ventana cuadrada e iluminada de papel glaseado. Para protegerse de ella. Para protegerla a ella. En su mano, tendida en ademán bienhechor, se ve la colilla de un cigarrillo.
Cuando está sola, toma el sobre marrón y saca la foto de entre los recortes de periódico. La pone sobre la mesa y la mira igual que si mirara dentro de un pozo o de un charco, buscando, más allá de su propio reflejo, algo que pudiera habérsele caído o perdido, fuera de su alcance pero todavía visible, resplandeciente como una joya sobre la arena. Examina cada detalle. Los dedos de él blanqueados por el flash o por el resplandor del sol, los pliegues de la ropa, las hojas de los árboles y las pequeñas formas redondas que cuelgan: ¿son manzanas, después de todo? La hierba tosca en primer plano, amarilla a causa de la sequía.
A un extremo -al principio no se ve- hay una mano, cortada por el margen hasta la muñeca, como por unas tijeras, que se apoya sobre la hierba como si fuera un desecho. Abandonada a su suerte.
La nube que atraviesa el brillante cielo deja una estela que parece helado fundido sobre cromo. Sus dedos manchados de humo. El destello distante del agua. Todo ahogado.
Ahogado, pero reluciente.
El asesino ciego, Margaret Atwood

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Martes 15

Tengo que ver esto, digo. Tengo que ver al sol llegando a su caída. El sol no sabe que cae, ni que se alza. Simplemente transcurre, danza de este a oeste, para luego volver al este.
Siempre se trató de lo mismo, de ciegos y de fotografía para ciegos. De música para sordos. De soles para suicidas.
El sol sigue cayendo de estación en estación. Colegiales, Coghlan, Saavedra. El tren tampoco sabe que corre. Y los pasajeros no saben del sol. Sólo de sus celulares luminosos, como en el que yo escribo en este instante.
El sonido siempre igual del tren me lleva a otras vías -ahora muertas- que transité a los diez años. Las estaciones eran otras, el sol era el mismo. Y la lluvia que se disipa dejando charcos donde reflejar el sol. Sólo recuerdo Junín, y Rufino a las dos de la mañana.
Ahora las nubes se van enrojeciendo, como si quisieran llamar la atención de los pasajeros, que sólo tienen ojos para sus celulares.
El silbato hace andar nuevamente al tren, y pienso si no será sólo eso lo que perciben los ciegos, y lo que les dispara la imaginación de lo que sucede. ¿Cómo son las imágenes de los ciegos? ¿Será el tren como una serpiente emplumada que devora hombres y los vomita en su destino?
Las nubes enrojecen más todavía en Florida, y en Cetrángolo tiñen todo el cielo de anaranjado fuego.

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