La herida que no muere

¿Es hora de seguir nuestro camino?
El agua que corre
la lluvia que cae
las pendientes suaves llevan todo al abismo.
¿Es hora de hacer caso
a los hechos que nos turban?
¿puede algo tan simple impedirnos el disfrute?
Quitar ansiedad y locura,
que se vuelva habitual y cotidiano
lo hermoso, lo deseable.

Otro día de lluvia, -y van…-
pero hoy lavado de emoción,
de nerviosismo,
como lo que no se pone en duda,
no altera
se da por sentado
se tiene al alcance de la mano.

¿Cómo se puede perder la magia,
y a la vez, ser
tan dulce y generoso
tan suave y tan confiable?
Como lo que tan lentamente
se va, inexorablemente.

A qué retener lo que se escurre,
como esta agua que corre calle abajo,
que moja, lava y deja frío.
A qué condenar al tedio y al olvido,
a qué malversar la alegría.
Para qué hacerlo obligada costumbre,
perder el entusiasmo,
si mi corazón sigue esperando
igualar lo imposible
aquello imaginario en otro nombre.

No hay nada igual, todo es distinto,
más leve, suave, indoloro,
¿no estará ahí la clave de lo que se desvanece,
y lo que perdura es el dolor,
el rencor, la herida
que no muere?

20190115_174859

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