Tus vaivenes

Sin embargo, aquí estoy.
Otra vez esperando, soñando,
penando.
Después de haberme prometido,
una y otra vez,
aprender a ignorar tus vaivenes,
tus inconstancias.
Seguir viviendo mi vida,
mi trabajo,
mis sueños,
como si nada pasara,
como si lo más natural del mundo
fuera
vivir al rojo un día
y cinco en el hielo absoluto,
para ir en un crescendo de locura
en los días siguientes a tu aparición…
No puedo dejar de preguntarme
si no aparecerás más,
o si, al contrario,
volverás como si nada,
pidiendo disculpas por la demora,
cuando tu cuerpo me extrañe,
cuando sólo las razones de tu cuerpo
sean las que valgan…
Siendo que yo pido de vos
sólo mi minuto diario,
mi pedacito en tu vida.

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