El tiempo, el modo.

Es implacable la forma en que todo pasa
es implacable el tiempo
el modo,
pasa tu rostro
pasa tu voz,
tus pasos en la habitación.
Estabas hace cuatro días
anudándote los zapatos
sentado en la cama,
y conversamos acerca de hacer compras
y el supermercado
y mi carnicería
mientras yo me ponía las medias negras.
El tiempo persiguiéndonos,
corriendo detrás nuestro
y nosotros permitiéndole entrar
a nuestra burbuja,
sentarse en nuestro sillón
(al fin encontrado)
dejándonos invadir
en nuestro universo paralelo,
restándonos minutos a nosotros.
Maldito tiempo, que se va,
que corre, que vuela,
cuando quiere,
y cuando no,
se queda inmóvil
las agujas quietas
las hojas del calendario
pegadas para siempre.
Es implacable la forma en que pasa todo
o no, y no somos capaces de cambiarla,
el miedo a que desaparezca la magia
si alguno de los ritos se quiebra:
tu mensaje, aquella esquina,
tu mirada en silencio y tu beso,
el camino luminoso
y los veleros,
la puerta que se cierra
y tus brazos que se abren
y mi boca
y mis piernas.

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