Mi vecino de arriba

Parece mentira, pero todavía no empezó el año para mí… a pesar de haber empezado a trabajar, y todas las demás actividades, no encuentro el momento ni temporal ni mental para sentarme a escribir alguna de las cosas que pensé durante este tiempo.
Hoy escuché, aunque la oí muchas veces, esta vieja canción de Joaquín Sabina, del disco “Inventario” que me divirtió mucho, sobre todo esa simplicidad con la que él escribe y describe a esta gente que todos conocemos, y que va más allá de las pontificaciones de moral y fanfarronadas de éste “señor de arriba”… Todos conocemos y hemos padecido a estos personajes, a éste y a todo nivel…
¿Algo que ver con “El viejo de arriba” de la Bersuit?
Mi vecino de arriba
es un fulano de tal.
Es un señor muy calvo,
muy serio y muy formal
que va a misa el domingo
y fiestas de guardar
que es una unidad de destino
en lo universal,
que busca en esta vida
respetabilidad,
que predica a sus hijos
responsabilidad.
y llama libertinaje
a la libertad.
Ha conseguido todo
menos felicidad.
Mi vecino de arriba
hizo la guerra y no
va a consentir que opine
a quien no la ganó.
Mi vecino es un recto
caballero español,
que siempre habla ex cátedra
y siempre sin razón.
Mi vecino de arriba
es el lobo feroz,
que va el domingo al fútbol
y ve televisión,
que engorda veinte kilos
si le llaman señor,
que pinta en las paredes:
“rojos al paredón”.
Al vecino de arriba
le revienta que yo
deje crecer mi barba
y cante mi canción.
Mi vecino de arriba
es más hombre que yo,
dice que soy un golfo
y que soy maricón.
Mi vecino de arriba
se lo pasa fatal
y que yo me divierta
no puede soportar,
cuando me mira siente
ganas de vomitar;
si yo fuera su hijo
me pondría a cavar.
Mi vecino de arriba
en la barra del bar,
cuando se habla de sexo
dice que es Superman,
es una pena que su mujer
no opine igual.
De sexo, las mujeres
no debían de opinar.
Mi vecino de arriba
un día me pescó
magreando a su hija
dentro del ascensor.
Del trabajo volvía
cuando reconoció
la voz que me decía:
“quítate el pantalón”.
Aún estoy corriendo,
no quiero ni pensar
lo que habría sucedido
si me llega a alcanzar.
Como hay niños delante
no les puedo contar
lo que con su cuchillo
me quería cortar.
Me he cambiado de casa,
de nacionalidad,
pero, a pesar de todo,
todo ha seguido igual;
los vecinos de arriba
inundan la ciudad,
si tu vives abajo,
no te dejan en paz
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